Cuando Marta Lamas sacó aquel libro en 2018 para abrir el debate, la funaron horriblemente diciendo que ya estaba “vieja” y se retirara inmediatamente del feminismo, que defendía hombres y agresores, que era amiga de Brozo (como si eso fuera un crimen o una feminista no pudiera tener amigos) y por lo tanto apoyaba la cosificación, y casi casi que la trata de mujeres. Las críticas más suaves fueron que manipuló datos en su ensayo, y que invalidaba a las víctimas. Y como cereza del tribunal online, hubo una colectiva de lesbianas que imprimió una gran lona para ir al senado a protestar y decía: “Fuera el lamismo del feminismo”. No les estoy mintiendo, ¡se los juro!